Alteraciones Viscerales

Muchos de vosotros ya habréis sufrido nuestro sinfín de preguntas cuando llegáis con un dolor o problema mecánico, y nos miráis con cara de desconcertados cuando os preguntamos cómo vais al baño, si dormís bien, cómo son vuestras digestiones, si tenéis problemas en la piel… 

¿Y qué tendrá que ver? Pues tiene que ver, y mucho, y los que nos conocéis ya sabéis que no nos cansamos nunca de explicaros cuales son las relaciones que están influyendo en el problema.

Pero, empecemos por el principio.

¿Qué se considera una disfunción o alteración visceral?

Una disfunción es un mal funcionamiento de un órgano o víscera, que aunque no llega a tener la entidad de enfermedad puede provocar, con frecuencia, muchas molestias e incomodidad por parte del paciente. 

Cada estructura visceral posee la cualidad de moverse o de quedar restringida en su movilidad, lo que supone una perturbación en el equilibrio fisiológico del organismo, y una alteración del estado de salud del paciente.

Son difíciles de detectar a través de pruebas diagnósticas convencionales (como ecografía, TAC, RNM…), ya que normalmente no hay una lesión estructural como tal. Así que para descubrirlas se debe hacer una extensa anamnesis para valorar el porqué de su aparición.

Una alteración visceral va a ser capaz de influenciar en muchos otros sistemas, incluido el sistema musculo-esquelético y muchos otros sistemas incluido el sistema musculo-esquelético van a ser capaces de influenciar a nivel visceral. 


El sistema visceral influencia sobre el sistema músculo-esquelético desde muchas vertientes:

  • Irritación directa de estructuras musculo-esqueléticas. Muchos de los órganos están en contacto con determinados músculos que les ayudan a sostenerse en la posición adecuada y les permiten realizar su movimiento óptimo para su función. Cuando este órgano se irrita o no funciona correctamente irrita también al músculo que está en contacto.

  • Tracción musculo-esquelética directa. Como bien sabéis todo nuestro cuerpo está relacionado como si de una cadena se tratara, incluidas las vísceras. Todos los órganos necesitan puntos de anclaje para no caerse, pero esto es un arma de doble filo. Porqué también implica que si hay una alteración en alguno de estos órganos van a poder transmitir esta lesión a puntos más lejanos. 

  • Malposiciones antiálgicas. Para proteger la zona visceral optamos por una posición que nos ayude a no irritar tanto la estructura, la cual cosa puede implicar cambios posturales importantes. O incluso al revés, si por una lesión o problema muscular adoptamos una postura concreta, como puede ser los hombros hacia delante por excesiva tensión torácica y falta de fuerza en la musculatura de la espalda, puede implicar cambios en la funcionalidad de un órgano, en este caso puede ser que nuestra respiración se convierta en una respiración muy superficial. 

  • Limitación de movilidad. Una alteración visceral es capaz de limitarnos la movilidad de una articulación para protegerse y evitar un mayor daño. Para el cuerpo es más importante proteger nuestras vísceras que poder levantar el brazo.

  • Irritación directa de un nervio periférico. Las vísceras están conectadas a una región de la médula determinada, pero esa misma región está relacionada a su vez con una zona de la piel, una parte ósea, un grupo de músculos y determinados vasos sanguíneos. A este nivel de la médula que le corresponden todas estas estructuras se le llama metámera, por lo tanto, una afectación visceral repercutirá en las demás estructuras que pertenezcan al mismo nivel metamérico. Cada estructura además no está inervada por un solo segmento, sino por varios segmentos. Esto es lo que hace que el dolor visceral sea difuso y se localice muy mal, provocando que los pacientes sepan qué le duele pero que no sepan identificar que su dolor es de origen visceral. Además esto explica que no siempre la alteración de un mismo órgano afecte siempre de la misma manera a nuestro sistema musculo-esquelético.

  • Cambios autonómicos y vasculares a nivel celular y en las estructuras somáticas. La irrigación sanguínea así como los nutrientes que deben llegar a la zona también se puede ver alterado no solo de la propia víscera sino de las estructuras coadyuvantes y las relacionadas a distancia, a través de un nervio o por conexión mecánica tal como explicábamos antes.
  • Cambios neurofisiológicos. Si esta alteración visceral se mantiene en el tiempo e irrita estructuras musculo-esqueléticas, puede ser que a pesar de desaparecer la disfunción visceral, el dolor musculo-esquelético se mantenga ya que nuestro cerebro sigue entendiendo que hay una lesión que debe proteger ya que ha convivido con él mucho tiempo.
  • Trofismo y capacidad regenerativa. Si se produce una alteración visceral, el proceso de regeneración también se ve alterado ya que nuestro organismo no trabaja con normalidad.
  • Cirugías, adherencias y cicatrices. Ahora imagínate el impacto que tiene cualquier cirugía por pequeña que sea en nuestro cuerpo, o las grandes consecuencias que podría tener si se produce una adherencia que no solo limitará el movimiento visceral o muscular sino que además bloqueará la llegada de sangre a la zona alterando consecuentemente todas las estructuras relacionadas.

  • “The Second brain”. ¿Has oído hablar del eje intestino-cerebro? Esto es otro gran tema que abordaremos más adelante. Pero ya te puedes imaginar la gran conexión que hay entre ellos. 

¿Cómo podemos ayudar a resolver este problema? Lo primero y más importante es identificar cuál ha sido la causa o las causas que han originado la disfunción.

  • Origen emocional. Igual que digerimos la comida también digerimos las emociones. Las emociones son capaces de generar una respuesta en nuestro organismo para actuar en consecuencia de lo que sentimos en cada momento: estrés, alegría, tristeza, decepción, incertidumbre, ilusión, miedo… Y todas ellas pueden llegar a generarnos alteraciones viscerales si se mantienen en el tiempo y no las digerimos.

  • Origen metabólico. Nuestro estilo de vida es importante, lo que comemos, lo que nos movemos, lo que bebemos,  lo que dormimos…  todo nos influencia para que nuestro cuerpo esté en equilibrio pero también todo ello puede hacernos salir de este. 

Parece evidente lo  mucho que nos puede ayudar la psicología y la nutrición en las alteraciones viscerales.

Y la fisioterapia y la osteopatía, ¿nos puede ayudar?

Estos son algunos de los efectos que conseguimos con la terapia manual:

  • Mejora de la movilidad de la víscera
  • Mejora de la movilidad de estructuras músculo-esqueléticas
  • Mejora de la fisiología visceral
  • Rotura del arco irritativo víscero-somático
  • Efecto mecánico sobre el tránsito intestinal y estimulación del peristaltismo
  • Elastificar músculo liso y mejora de su tono de base
  • Neuromodulación del SNA
  • Efectos sobre la postura
  • Mejora de posiciones antiálgicas
  • Mejora de las adherencias
  • Producir efectos vasomotores sobre las estructuras viscerales o tejido en relación
  • Mejora del trofismo general de los tejidos
  • Mejora de la capacidad de absorción de nutrientes
  • Mejora del funcionamiento metabólico general

Esperemos que haya sido de ayuda para entender la globalidad de nuestro cuerpo. Ponte en manos de un profesional para que te ayude a buscar el origen de tu problema. Ante cualquier consulta no dudes en ponerte en contacto con nosotros!

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